El Blog del Seguro Fácil

Leer o no leer

Dicen las encuestas que en España se lee poco, aunque si nos damos un paseo por la Feria del Libro de Madrid nadie lo diría. Lo que sí es un hecho contrastado es que prácticamente nadie se lee las coberturas de las pólizas de seguro que tiene contratadas.

Es innegable que cualquiera prefiere leer la última novela de Vargas Llosa o de Stieg Larsson antes que las cláusulas de su último seguro. Sin embargo, si para comprar nuestra casa o nuestro coche nos leemos hasta la última coma del contrato, ¿por qué no lo hacemos con aquello que asegura esos bienes? La respuesta, en la mayoría de los casos, es porque consideramos que la persona que nos vendió el seguro nos contó todo lo que necesitábamos saber. En otras ocasiones, porque estimamos que el lenguaje utilizado es confuso o difícil de entender y en otras, simplemente, porque decidimos que el día que suceda algo, ya lo leeremos.

En lo concerniente a lo que nos cuentan los vendedores, debemos tener en cuenta que, si bien no nos van a engañar respecto a las coberturas del producto, como todo buen vendedor, se dedicará a “cantar” las bondades de la póliza y minimizará, o en el peor de los casos omitirá, sus limitaciones. En cuanto al lenguaje utilizado, hay que reconocer que las aseguradoras están haciendo un esfuerzo importante por minimizar el uso de una terminología técnica y usar un lenguaje más cercano al cliente. Respecto al último motivo, reconozcámoslo por lo que es: una excusa para justificar nuestra simple dejadez.

Las consecuencias de no dedicar unos minutos a leer las condiciones de nuestra póliza suelen ser siempre negativas. En ocasiones, consideramos que como nos han vendido una póliza a “todo riesgo” eso implica que el seguro se tiene que hacer cargo de cualquier cosa que le ocurra al bien asegurado. Cuando descubrimos que no es así, nos llevamos, como mínimo, una decepción. En otros casos, no damos un parte al seguro al creer que no tiene cobertura y asumimos nosotros las consecuencias económicas del accidente, cuando no hubiera sido necesario.

Resumiendo, les recomiendo encarecidamente que, al menos, se lean qué coberturas tiene su contrato de seguros con el fin de saber cuándo su compañía aseguradora se va a hacer cargo de un siniestro y cuándo no va a ser así.

Y recuerde, si mientras lee el condicionado no entiende algo, pregúntele a la persona que le vendió el seguro. Su obligación no es sólo vender, sino también asesorarle ante cualquier duda que le pueda surgir.