“Los coches de ahora, no aguantan nada, se destrozan al menor choque. En cambio, en los de antes, eso si que eran coches...como mucho, se abollaba un poco el paragolpes y se rompían los faros”...
Grabado a fuego en el subconsciente colectivo -sobre todo en el de una franja de edad avanzada- está el axioma de: cuanto más aguanta mi coche ante un golpe, más sólido y seguro es. Sólido puede, seguro ya os digo que NO. Y es no, por la tozudez que suele tener la Física. Tranquilos, que no os voy a contar nada de la transformación de la energía cinética en deformación, en vez de en nuevo movimiento...Solo voy a proponer un ejemplo muy gráfico para que entendáis por qué las deformaciones que se producen en los vehículos de hoy en día, son diseñadas con el fin de salvaguardar nuestra integridad.
Buscad un elemento metálico y moderadamente indeformable. (Puede valer una simple plancha de acero o la base de una cacerola de acero inoxidable). Colocad la palma de la mano por uno de los lados de esta superficie y golpead por el lado opuesto con la otra palma o con un elemento no excesivamente contundente (Se trata de que nadie salga lesionado, con un martillo de madera puede servir) Observareis que prácticamente toda la energía que lleva la mano u objeto en movimiento, se traslada a la que se encuentra detrás de la plancha metálica. Eso sí, la plancha ahí sigue: “intacta la tía”. Sustituid ahora la plancha metálica por un rollo de papel de cocina nuevo y repetid la prueba. Ahora la mano “que sufre” recibirá una menor cantidad de energía, quedando el rollo de papel totalmente deformado ¿verdad?.
Este principio es el que usan los coches de hoy en día para, deformándose, proteger a sus ocupantes. Es una de las muchas medidas conocidas como SEGURIDAD PASIVA.
En otra ocasión hablaremos de la diferencia que existe entre la seguridad Pasiva y la Activa.
Antonio Ruiz

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