
No hablaré esta vez de los incendios no provocados por la mano del hombre como tampoco de aquellas interminables caravanas veraniegas, encerrados en los vehículos el desarrollismo industrial, transitando por aquellas carreteras –hoy idílicas- de doble dirección bajo un sol de rigor en dirección a las playas. Algunos de ustedes seguro que todavía hoy lo recuerdan.
Parece demostrado que el aumento de la temperatura, al igual que otras condiciones extremas, influye en la puesta en riesgo de la vida, o de la salud, y puede ser causa de accidentabilidad. Así, durante los veranos conocemos noticias que nos alertan en dicho sentido: sudamina, eritema solar, síncope por calor, agotamiento o colapso por calor, golpes de calor, insolación… y otras, tal vez muy relacionadas: cortes de digestión, ahogamientos, caídas… fallecimientos.
Noticias que nos ponen sobre la pista de que el exceso de temperatura puede llegar a influir en nuestras vidas de manera decisiva y que, influyéndonos a todos, afectan más a determinados grupos de riesgo: mayores de 60 años, bebés y niños pequeños, enfermos crónicos y deportistas en actividad a altas temperaturas.
Pero también a los conductores. O esta es la cuestión sobre la que nos alerta un reciente estudio publicado por Hella, según el cual, conducir con un exceso de calor aumenta en 11% el riesgo de accidente si la temperatura en el interior del vehículo alcanza los 27 grados, llegando a duplicarse cuando la temperatura interior sube a 32 grados.
No es ésta una cuestión baladí toda vez que nuestras vidas dependen del estado de conciencia, alerta y capacidad de reacción del automovilista. No hay duda –el estudio referido también lo confirma- que el calor excesivo influye en nuestras capacidades psicomotrices aumentando los tiempos de reacción, fijándose algunas de las causas en el agotamiento y en las distracciones a consecuencia de la fatiga.
Así, lo que en los años 60 y 70 era todo un lujo –el aire acondicionado en utilitarios y coches de gama media- hoy se ha convertido en un sistema de seguridad que, en según qué circunstancias, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Interesa, por tanto, hacer caso de lo quetantas veces se ha dicho: mantener una temperatura ‘adecuada’ en el interior de los vehículos, evitar circular en las horas de máximo calor y planificar los desplazamientos teniendo en cuenta el parte metereológico.
Pero no sólo. También influyen otros factores aparentemente inocuos: la ropa, el calzado, la alimentación en el viaje, el estado del organismo…
Sobran recomendaciones en el sentido preventivo, en un esfuerzo por introducir entre los automovilistas una cultura saludable del tráfico. Ya no es como antes, la falta de información no es el problema; la clave hoy está en su observancia.
Recuerde que el sistema de climatización y los filtros de aire trabajan a favor de su seguridad y de la de los ocupantes del vehículo. Planifique su viaje, conduzca de día, en las horas de menos calor, tómese su tiempo para llegar y mantenga en todo momento ventilado el habitáculo del coche. En viajes de más de dos horas, haga las paradas que necesite para mantenerse en forma y disfrute del trayecto. La experiencia merecerá la pena.
Javier Villalba

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