En algunas personas, parece como que experimentan la sensación de un trabajo bien hecho si son capaces de ‘colarles algún gol’ al seguro (todos conocemos a alguno que se pavonea de haberlo hecho). Con todo, me refiero en esta nota a personas irreprochables, responsables y buenos ciudadanos que consideran su deber ‘engañar’ al seguro (¿Quizá por que el del automóvil sea obligatorio?).
Resultándome contradictorio, tiendo a pensar que, aquellos, probablemente no se hayan hecho esta reflexión: tal engaño es una estafa, por pequeña que sea, y tal ‘burla’ repercute de alguna manera en el importe de la prima que todos pagamos al asegurar nuestro vehículo, pues el fraude incrementa el coste que tienen que afrontar las compañías aseguradoras. Así, una conducta que se tiene por leve, que a la postre y como mínimo es antisocial, es una de las causas por la que en esta vida y en este caso –comprar seguridad- pagamos justos por pecadores.
En una situación extrema, idílica, en la que el fraude fuera absolutamente inexistente, está claro que el precio de los seguros descendería. Si me lo permiten, preferiría decir que se ‘desplomaría’. ¿No sería ésta una ventaja para todos?
Déjenme contarles que, hace pocos días, el 22 de septiembre, se publicó en secciones secundarias una noticia que titulaba: “Estafan al seguro con robo simulado”.
Se trataba de un hecho acaecido en abril en el que quedó demostrado que dos joyeros simularon el robo de una caja fuerte de su negocio para recuperar su valor, aprovechando que habían sufrido un atraco, en el que les sustrajeron joyas que no estaban aseguradas. La cuestión es que, siendo cierto el hecho del atraco y el robo de las joyas –como cierto puede ser verse involucrado en un alcance por otro vehículo-, no lo era el robo de la caja de caudales que tenían asegurada.
Este hecho, que no es inusual y resulta más frecuente de lo que nos creemos, me trajo a la memoria el informe 1.157* de ICEA, de mayo de este año, sobre “El fraude al seguro español. Estadística 2009”.
Según la misma fuente, solo en 2009 se detectaron en España 101.615 casos de fraude, de los que 77.842 corresponden a los fraudes comprobados en el ramo de Automóviles, por las 21 compañías** participantes en el estudio, seguido del ramo de Diversos y RC General (20.813 casos) y, finalmente, el ramo de Vida, Accidentes y Salud (2.263 casos).
En el caso del Automóvil, le conviene a mi argumento decir que los casos detectados de fraude han experimentado un crecimiento, con relación al año anterior, en el que fueron detectados 59.337 casos.
Este dato no significa necesariamente que haya crecido el número de defraudadores, pues las técnicas de investigación, verificación y detección del fraude siguen consiguiendo progresos muy significativos en lo que a modelos de identificación y verificación del fraude se refiere, pues no en vano esta es también una fórmula de reducción de gastos que mejora la cuenta de resultados y por ende la oferta y el servicio que se puede dispensar a los clientes. Las compañías lo saben y es ésta una faceta en la que se sigue invirtiendo.
¿Creen ustedes que la picaresca en el seguro merece realmente la pena?
Javier Villalba
--* © Informe Estadístico. Mayo 2009-17. ICEA. Depósito Legal: M – 43432-2007. ISBN: EXENTO.
** Interesa destacar que las compañías participantes en el estudio representan algo más del 34,06% de las primas del total del seguro directo y el 50,73% de los ramos no-vida; luego es fácil suponer que el fraude sectorial alcanza una cifra superior.
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Fraude, Investigación de siniestros, ICEA,
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